Teoria de la Casualidad

Creo que se llama así: Teoría de la casualidad, y es de ese tipo que todavía hoy se cumplen.

Un ejemplo: Un buen día te levantas y no puedes quitarte a los monos de la cabeza, en todo momento pensando en esos animalillos peludos. Llegas a casa, te comes un plátano, enciendes la televisión ¿Y qué es lo primero que aparece en la caja tonta? Un caballo. Pero no un equino cualquiera, sino uno africano y todo el mundo sabe que en África, a pesar de los esfuerzos de cazadores sin escrúpulos, hay mucho mono cabrón y algún que otro “Perro gorilero”.

Llevaba un tiempo pensando en una ex-novia, pongamos por nombre Pepita -Sí, pese a mi físico, carácter e inteligencia he tenido no pocas relaciones sentimentales, con esos seres superiores llamados: Mujeres. Gracias a Dios aún quedan con gustos lo suficientemente retorcidos como para enamorarse de un servidor. Y es que para gustos los colores-. Como iba diciendo pensaba mucho en Pepita y va el otro día y me llama la “jodía”. La conversación, para dar más detalles, típica de ex-pareja : Más parecida a una encuesta, llena de monosílabos e incómodos silencios. Desde la llamada vengo analizándola y haciéndome preguntas para tratar de entender muchas cosas que no me cuadran de dicha llamadita.

A los pocos días me llaman unos amigos, necesitaban hablar con un proveedor francés y yo llevo casi seis meses sin practicar dicho idioma.Un candidato perfecto. Cuando llegamos a la oficina y su compañero abre el maletín del portátil veo sobresalir uno de esos puros metidito en su esfera de cristal que se regalan en las bodas. Como a cotilla no me gana nadie, lo dejo todo para ver quienes son los chiflados de dicho bodorrio y ¡sorpresa! allí en letras de oro en una vitola adornada con un par de pitufos: Mi nombre y el de Pepita. Mal fario.

De camino a la librería voy dando vueltas a lo sucedido. Después de tanto tiempo aún me defendiendo con el francés. Del francés me gustan tres cosas, a saber: El idioma, el beso y que me practique un buen…¡ejem! ustedes ya me entienden.

Durante la tarde trato de quitarle hierro al asunto, no sea se me oxide el cerebro, y cuento lo sucedido, salvo mis gustos sobre el francés, al jefe cuando por la puerta entran unas clientas y ¿A que no saben ustedes de que nacionalidad? ¡Exacto! ni idea, pero el caso es que hablan la lengua del enano Napoleón. ¡Olé, olé y olé! Otra vez la dichosa teoría. A mi no me hace ni puta gracia y ya empiezo a cogerle asco a eso de las coincidencias.

Cambiamos de tercio, hablamos de fútbol, a falta de alcohol lo que sea con tal de no pensar, Amparo le pregunta al jefe cómo quedó el Barça y en ese momento abro una caja de novedades recién salidas de algún estercolero editorial y allí en primerita fila un libro del mencionado club catalán.

Y es que hay días en los cuales la ironía de la vida es todo un deleite, el cual me sobrepasa.

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